martes, 23 de noviembre de 2021

FELIZ DÍA DEL MÚSICO 2021

Muy queridos todos:
 
sólo unos minutos para desear que hayan celebrado el día del músico como se debe, o como se haya podido con las restricciones actuales. Este ha sido un día de festejos y conmemoraciones muy esforzadas, de todo estilo; lo hemos logrado.

En esta etapa de involuntario confinamiento, creo que todos hemos sido conscientes de cómo se hizo visible lo necesaria e importante que es la música en la vida de la humanidad.

Nuestro ser de músicos ha adquirido nuevos ribetes en este tiempo. En cuántas ocasiones se ha debido recurrir a la música como sanadora de inquietudes, de ansiedades; como elemento para equilibrar la atmósfera con los jóvenes así como para calmar la hiper energía contenida de los niños. En cuántos momentos, como maestros, hemos debido apelar a diversidad de recursos sacados de debajo de la manga en clase y fuera de ella para dictar cursos, por ejemplo, de ejecución grupal, por mencionar sólo uno. Del mismo modo en la investigación que se nos hacía esquiva al no tener fuentes disponibles por el cierre de los repositorios. Creatividad ha debido ser el signo.

Pero la providencia, nuestros conocimientos, nuestra experiencia y, sobre todo, nuestra buena voluntad, han ido allanando el camino. Cuánto hemos aprendido. Ahora miramos la vida desde otro lugar. Desde nuestras laptops, casi siempre; advirtiendo las inmensas potencialidades que nos procura: buscar material, crearlo, difundirlo, de manera relativamente sencilla. Pero ansiamos el contacto humano de uno a uno, ese convivio del que nos hemos visto privados.
 
Así somos: músicos formados en la versatilidad para trocar un lenguaje por otro sin perder la calidez. Hemos aprendido rápidamente a grabar, a editar, a hacer las partituras que necesitábamos para tocar, o para que nuestros alumnos lo hiciesen. Si ya lo sabíamos, nos volvimos más diestros aún. 
Hemos escrito sobre nuestra experiencia, hemos tomado cursos on line, hemos convocado reuniones zoom de profesionales de todas partes del mundo sin tener en cuenta las distancias geográficas u horarias en el afán de intercambio.

Pues a todo eso y a mucho más hemos estado, y estamos dispuestos para que la música no pare; para que siga siendo ese alimento privilegiado de las almas que hoy resultan más necesitadas de paz, de acompañamiento; o de entusiasmo, de energía, compañeros queridos. Ese derecho humano en el que se constituye el acceso a la música, el acceso a internet, a instituciones preparadas sanitariamente para los cambios, a teatros con elementos móviles, dispuestos a disminuir su aforo. Tantos aspectos que antes de pandemia eran indiferentes para muchos. Y por supuesto, también estamos dispuestos, ansiosos por el  retorno más próximo a la presencialidad. A poder compartir de otra manera nuestro arte. En esa nueva normalidad que trae nuevos retos.
Además... los cafés después de los conciertos; las conversas, emtre menos personas por ahora, que nos hacen mucha falta también.

Mis queridos: que estas rápidas líneas sirvan para decirles cómo valoro cada vez más la profesión que hemos abrazado y cómo admiro su compromiso con los niños, jóvenes, adolescentes y público en general, a quienes nos debemos.
Gracias por ser siempre testimonio de alegría en el mundo; de ganas de salir adelante a como dé lugar y de manifestar sin reservas su amor por los que nos necesitan, por los que necesitan de nuestro maravilloso arte.

Que la música sea el puente que continúe uniéndonos. Que hayan pasado un hermosísimo día; que el corazón se haya recargado de energías con los saludos, mensajes y muestras de cariño de los compañeros y alumnos, de los que éste pretende ser sólo uno más. 
¡Feliz día, queridos músicos! Gracias por existir.

Todo mi cariño, el de siempre.

Pilar Zúñiga